Meditación: más allá del bienestar. Efectos adversos y factores de riesgo. 

1. Reevaluando el impacto de la meditación

La meditación, y en particular la práctica de la atención plena (mindfulness), ha experimentado un auge sin precedentes en el mundo occidental, siendo ampliamente promocionada como una solución universal para el estrés, la ansiedad y una variedad de problemas de salud mental. Se presenta a menudo como una práctica accesible, gratuita y inherentemente beneficiosa, lo que ha llevado a su adopción generalizada y a su recomendación por parte de profesionales para la reducción del estrés y la ansiedad.

Sin embargo, a pesar de los buenos resultados documentados y la percepción predominantemente positiva, un creciente cuerpo de investigación científica, que se remonta a varias décadas, indica que en una proporción considerable de personas, la meditación puede tener efectos adversos no deseados y, en algunos casos, incluso exacerbar problemas de salud mental preexistentes o inducir nuevas condiciones. Esta evidencia subraya la necesidad de una evaluación más equilibrada y crítica de sus riesgos. La idea de que la meditación es una panacea universal, una «fórmula mágica» para la salud mental, que puede ser usada de forma «preventiva» en grupos amplios de población (por ejemplo, en escuelas con niños o jóvenes) se ve desafiada por esta realidad. La discrepancia entre la narrativa pública, que a menudo se centra exclusivamente en los beneficios, y la evidencia científica de los efectos adversos, sugiere que la promoción de la meditación ha priorizado los beneficios percibidos sobre los riesgos potenciales. Esto puede dejar a algunas personas mal preparadas para enfrentar o malinterpretar experiencias negativas, lo que podría aumentar su angustia o causarles daño (Lutkajtis, 2019). Al igual que con los medicamentos, respecto a los cuales se acepta que tienen efectos secundarios, la meditación también podría ser evaluada siguiendo una aproximación más cercana a las personas y los riesgos individuales.

La consideración de la asociación entre la meditación y alteraciones no es reciente. Arnold Lazarus (1976) advirtió que el uso indiscriminado de la meditación podría inducir «problemas psiquiátricos graves como depresión, agitación e incluso descompensación esquizofrénica».

2. Prevalencia y naturaleza de los efectos adversos

La investigación actual desafía la noción de que la meditación es exclusivamente beneficiosa, revelando una prevalencia significativa de eventos adversos relacionados con la meditación (MAEs, por sus siglas en inglés). Un estudio de 2023 con 953 meditadores regulares en EE.UU. encontró que más del 10% de los participantes experimentaron efectos adversos con un impacto negativo significativo en su vida diaria, y para el 1% de ellos, este impacto duró al menos un mes (Lam et al., 2023). Otro estudio de 2022 evaluó a 434 participantes que meditaban regularmente sin trastornos de salud mental diagnosticados, y reportó que el 50% experimentó ansiedad generalizada, reviviscencia traumática o sensibilidad emocional relacionadas con la meditación. Más del 32% informó dos o más efectos adversos, el 10.6% experimentó deterioro funcional y el 1.2% tuvo síntomas que duraron más de un mes (Goldberg, et al., 2022).

Un estudio de la Universidad de Brown sobre un programa de mindfulness de ocho semanas reveló que un 83% de los participantes reportó al menos un «efecto secundario relacionado con la meditación» (MRSE), con un 6% a 14% experimentando «efectos negativos duraderos», incluyendo hiperactivación (un aumento en la reactividad) y disociación (Britton et al, 2021). En general, se estima que aproximadamente 1 de cada 4 meditadores experimenta efectos negativos o no deseados que pueden afectar su capacidad para funcionar. Una revisión sistemática y meta-análisis de 83 estudios de meditación encontró MAEs en el 8.3% de los meditadores (Farías et al., 2020).

Un estudio de 2022 evaluó a más de 8000 niños (de 11 a 14 años) en 84 escuelas del Reino Unido entre 2016 y 2018. Sus resultados mostraron que la atención plena no logró mejorar el bienestar mental de los niños en comparación con un grupo de control e incluso puede haber tenido efectos perjudiciales en aquellos que estaban en riesgo de sufrir problemas de salud mental (Montero-Marin et al., 2022).
Los MAEs abarcan un amplio espectro de síntomas psicológicos, físicos y cognitivos, que a menudo se manifiestan durante o inmediatamente después de la práctica.

Tabla 1: Espectro de efectos adversos relacionados con la meditación (MAEs)
(Basado en Goldberg, et al., 2022, Lam et al., 2023, Farías et al., 2020 y Montero-Marin et al., 2022)

Tipo Síntomas específicosPrevalencia / notasDuración potencial
Psicológicos / PsiquiátricosAnsiedad, depresión, frustración con la práctica, intensificación de emociones difíciles, aburrimiento, autocrítica, menor motivación, mayor conciencia de rasgos negativos, falta de interés en conversaciones Los más comunesVariable; pueden ser duraderos
Síntomas psicóticos o delirantes, disociación o despersonalización (sentir que el mundo es «irreal» o verse desde una perspectiva de tercera persona), miedo o terror, ataques de pánico, reviviscencia de recuerdos traumáticos, embotamiento emocional Más graves; el embotamiento emocional aumenta el riesgo de efectos negativos duraderos Meses a años; 1-3 años para efectos graves
FísicosEstrés, tensión y dolor físico (espalda, cuello, rodillas), problemas gastrointestinales, patrones de sueño deficientes, aumento de la activación cortical (mayor vigilia y frecuencia cardíaca), insomnio Comunes Variable; algunos duraderos
Neurológicos y cognitivosPensamiento desorganizado, amnesia, hipersensibilidad perceptual, deterioro de la memoria, disfunción ejecutiva, auto-perturbación Menos comunes Variable; pueden ser duraderos

Si bien muchos efectos son transitorios, una proporción significativa puede ser duradera y grave. Los «efectos negativos duraderos» pueden persistir al menos una semana o más de un mes. Nuevos estudios en meditadores a largo plazo indican que los efectos desafiantes, difíciles o funcionalmente incapacitantes, incluyendo hospitalización y suicidio, pueden tener una duración media de 1 a 3 años (Farías et al., 2020).

La magnitud real de este problema puede estar subestimada. Varios informes indican que la monitorización de eventos adversos en los programas basados en mindfulness es «inadecuada e inconsistente». La mayoría de los programas se basan en la notificación espontánea de los participantes, lo cual se sabe que subestima la frecuencia de los efectos adversos en más de 20 veces, debido a factores como el deseo de agradar al terapeuta o investigador. Además, un estudio encontró que el 70% de los efectos adversos no fueron reportados cuando se hicieron preguntas abiertas generales sobre experiencias negativas. Esta falta de datos rigurosos y la dependencia de métodos de notificación pasivos crean una brecha significativa en la comprensión de la verdadera seguridad de la meditación, lo que sugiere que el problema es más extendido de lo que las estadísticas actuales reflejan.

3. Identificación de factores de riesgo y poblaciones vulnerables

La aparición y la gravedad de los efectos adversos de la meditación están influenciadas por una interacción compleja de factores, que incluyen la intensidad y la duración de la práctica, así como las predisposiciones individuales y los contextos de práctica.

Intensidad y duración de la práctica:

Los retiros intensivos de meditación se asocian fuertemente con resultados adversos graves (Farías et al., 2020). Estos retiros a menudo implican largas horas de meditación (por ejemplo, 10 horas al día), dietas restrictivas (como una dieta vegana limitada a dos comidas al día) y práctica guiada. Los expertos teorizan que tales circunstancias extremas pueden desencadenar resultados extremos, incluyendo casos de psicosis, terror, alucinaciones y dolor físico, incluso en individuos con experiencias de meditación positivas previas (Farías et al., 2020). Un estudio con mujeres universitarias indicó que los «Efectos No Deseados» se experimentaban típicamente al meditar solas durante más de 20 minutos (Cebolla et al., 2017). Además, se ha observado que los efectos adversos son más comunes entre quienes practican meditación informal con mayor frecuencia fuera de las sesiones estructuradas. Esta relación entre la «dosis» de meditación y el riesgo sugiere que una mayor intensidad o duración de la práctica aumenta la probabilidad y la gravedad de los efectos adversos.

Predisposiciones individuales y vulnerabilidades:

Los profesionales de la salud deben evaluar las condiciones de salud mental que puedan aumentar el riesgo de experiencias negativas con la meditación. Se recomienda un monitoreo cuidadoso para individuos con antecedentes de trauma, ansiedad o disociación (Goldberg, et al., 2022). Sin embargo, la investigación también muestra que los efectos adversos pueden ocurrir en personas sin problemas de salud mental previos y en aquellos con solo una exposición moderada a la meditación (Goldberg, et al., 2022). Esto destaca que la vulnerabilidad no siempre es obvia o diagnosticada, y que individuos aparentemente sanos también pueden estar en riesgo. Algunos individuos reportan patrones de sueño deficientes, posiblemente debido a una «activación cortical aumentada» (mayor vigilia y frecuencia cardíaca) durante la práctica de meditación/mindfulness, lo que sugiere una predisposición fisiológica a reacciones adversas (Cebolla et al, 2017). La coexistencia de estos factores indica que la intensidad no es el único determinante del riesgo; la susceptibilidad individual, que puede ser sutil o no diagnosticada, desempeña un papel crucial en quién experimenta efectos adversos y su gravedad. Esto implica que un enfoque universal y acrítico de la meditación es irresponsable, y que se necesita un enfoque matizado y personalizado que considere tanto el tipo y la intensidad de la práctica como la composición psicológica y fisiológica única del individuo.

Factores contextuales y presión:

Establecer expectativas poco realistas, como asumir que la meditación será «todo paz y armonía», puede llevar a la desestabilización, frustración y aumento del estrés cuando surgen inevitablemente emociones negativas o traumas previos. En entornos intensivos, los participantes pueden sentirse presionados a persistir con la meditación, percibiendo las experiencias negativas como «avances» o signos de progreso. Esta presión puede conducir a un mayor malestar psicológico y a un trauma duradero, con algunos individuos incluso requiriendo ser retirados bajo custodia debido a sus reacciones graves. Además, los individuos pueden no reconocer las señales de advertencia tempranas de angustia (por ejemplo, niveles crecientes de ansiedad, breves vislumbres de experiencias extracorporales) como relacionadas con la meditación, lo que puede llevar a un punto de crisis. Esta tendencia a malinterpretar y a sentir la presión de perseverar en la práctica, a menudo impulsada por una narrativa cultural que prioriza el crecimiento espiritual percibido sobre la seguridad psicológica, puede exacerbar las crisis de salud mental y prolongar el sufrimiento.

Tabla 2: Posibles factores de riesgo para los MAEs

Posible factor de riesgoDescripción y ejemplos específicosRiesgos asociados
Intensidad / duración de la prácticaRetiros intensivos: Largas horas (ej. 10 horas/día), dietas restrictivas, práctica guiada Psicosis, terror, alucinaciones, dolor físico, trauma duradero
Práctica solitaria prolongada: Meditar solo por más de 20 minutos Aburrimiento, autocrítica, menor motivación, mayor conciencia de rasgos negativos, falta de interés en conversaciones
Práctica informal frecuente: Meditar más a menudo fuera de sesiones estructuradas Mayor incidencia de efectos adversos
Predisposiciones individualesCondiciones de salud mental preexistentes: Historial de trauma, ansiedad, disociación Mayor riesgo de experiencias negativas
Ausencia de problemas previos no es protectora: Efectos adversos pueden ocurrir en personas sin historial de problemas de salud mentalVulnerabilidad no siempre obvia; riesgo incluso en individuos aparentemente sanos
Activación fisiológica: Aumento de la activación cortical, mayor vigilia, frecuencia cardíaca Patrones de sueño deficientes, mayor estrés
Factores contextualesExpectativas poco realistas: Asumir «paz y armonía» Desestabilización, frustración, aumento del estrés cuando surgen emociones negativas
Presión para continuar: Percibir experiencias negativas como «avances» Mayor malestar psicológico, trauma duradero, necesidad de intervención
Mala interpretación de la angustia: No reconocer las señales de advertencia tempranas como relacionadas con la meditación Deterioro rápido a un punto de crisis, sufrimiento prolongado

4. Desafíos en la investigación y notificación de los MAEs

A pesar de que los efectos adversos de la meditación han sido documentados, la monitorización de eventos adversos sigue siendo inadecuada e inconsistente (Farías et al., 2020; Goldberg, et al., 2022; Montero-Marin et al., 2022; Lam et al., 2023). Esta deficiencia metodológica conduce a estimaciones de frecuencia muy variables, lo que dificulta delinear el alcance de los efectos adversos.

La mayoría de los programas y ensayos de meditación dependen de la monitorización pasiva, es decir, de informes espontáneos de los participantes sobre reacciones negativas. Sin embargo, es probable que los participantes y pacientes de psicoterapia se muestren reacios a informar espontáneamente reacciones negativas al tratamiento, a menudo debido a «características de la demanda» (por ejemplo, agradabilidad al terapeuta o investigador). Como resultado, depender de la monitorización pasiva puede subestimar la frecuencia de los efectos adversos. En este sentido, un estudio reveló que incluso cuando se hicieron preguntas abiertas generales a los participantes sobre experiencias negativas, el 70% de los efectos adversos no fueron reportados, lo que subraya la insensibilidad de tales preguntas amplias (Farías et al, 2020).

A diferencia de los ensayos farmacológicos, donde las evaluaciones detalladas de los efectos adversos se realizan en las fases iniciales de desarrollo y los ensayos miden activamente los efectos adversos, menos del 20% de los ensayos de meditación miden activamente los efectos adversos. Esta ausencia de monitorización sistemática y activa, especialmente utilizando escalas que evalúan síntomas específicos (que tienen tasas de detección más sensibles que las preguntas abiertas), contribuye significativamente a la subnotificación y a una comprensión sesgada y excesivamente positiva del perfil de seguridad de la meditación. Esta disparidad crea una «brecha de evidencia» sustancial con respecto al perfil de seguridad de la meditación, que podría traducirse en problemas para sostener un discurso público, o incluso profesional, sustentado. De ser el caso, se dificulta tomar decisiones informadas basadas en un análisis completo de riesgos y beneficios.

5. Recomendaciones para una práctica y apoyo más seguros

Para garantizar una práctica de meditación más segura y un apoyo adecuado, se puede adoptar un enfoque informado y cauteloso, tanto para los individuos que deciden practicar meditación como para los profesionales que consideren indicarla.

Para Individuos que consideran o practican la meditación:

  • Consultar a un profesional de la salud: Es crucial hablar con un proveedor de atención médica antes de comenzar cualquier programa de meditación, especialmente si se tiene un historial de condiciones de salud mental como trauma, ansiedad o disociación. Es igualmente importante consultarlos nuevamente si surgen efectos negativos durante la práctica.
  • Informarse y establecer expectativas realistas: Comprender que la meditación, al igual que otros tratamientos psicológicos, puede llevar a experiencias angustiantes. Abordar cualquier intento de meditación sabiendo que podría evocar sentimientos difíciles, en lugar de asumir que será «todo paz y armonía».
  • Reconsiderar el enfoque: Si la meditación no proporciona un efecto calmante o incluso causa más estrés, es aconsejable ajustar el enfoque. Períodos más cortos de atención intencional o experimentar con diferentes estrategias (por ejemplo, no sentarse perfectamente quieto durante largos períodos) pueden tener menos efectos secundarios negativos y aún así proporcionar alivio de los pensamientos.
  • Priorizar el bienestar sobre la perseverancia: Si se está lidiando con la práctica de la meditación o sufriendo efectos desagradables, es importante saber que no se está solo. No se debe sentir presión para continuar si causa angustia. Puede ser beneficioso probar otras actividades que puedan mejorar el bienestar, como deportes o voluntariado, ya que la investigación no ofrece evidencia de que las prácticas de meditación sean inherentemente mejores para la salud mental que otras prácticas en términos de mejora del bienestar.
  • Reconocer las señales de advertencia y detenerse: Estar consciente de las posibles señales de advertencia tempranas de que la meditación podría no ser adecuada, como niveles crecientes de ansiedad, breves vislumbres de experiencias extracorporales u otros síntomas angustiantes, y detener la práctica inmediatamente si ocurren. La solución al problema probablemente no sea «más de lo mismo». Proporcionar información precisa, equilibrada y completa sobre los riesgos potenciales empodera a los individuos para tomar decisiones autónomas e informadas sobre su salud y bienestar. Esto los convierte en agentes activos en su camino hacia el bienestar, capaces de reconocer la angustia, validar sus experiencias y buscar ayuda adecuada sin autoculpa.

Para profesionales de la salud e instructores de meditación:

  • Detección y monitorización: Los profesionales de la salud deben buscar activamente condiciones de salud mental que puedan aumentar el riesgo de experiencias negativas con la meditación. Los individuos con antecedentes de trauma, ansiedad o disociación deben ser monitoreados de cerca durante toda su práctica.
  • Consentimiento informado: Los pacientes y participantes deben ser informados completamente de que la meditación puede llevar a experiencias angustiantes, de manera similar a otros tratamientos psicológicos, como parte de un proceso de consentimiento integral.
  • Integrar la monitorización de daños: Los proveedores de atención médica y los instructores de meditación deben integrar la monitorización activa y sistemática de los daños en sus programas para apoyar experiencias de meditación seguras y beneficiosas. Esto incluye preguntar activamente sobre síntomas específicos utilizando escalas estructuradas, en lugar de depender de informes espontáneos o preguntas abiertas, que se sabe que subestiman significativamente los efectos adversos.
  • Reconocer los riesgos y proporcionar una perspectiva equilibrada: Los profesionales e instructores deben reconocer abiertamente que las prácticas de meditación no son para todos y que las afirmaciones sobre la meditación pueden estar «sobrevaloradas». Deben aspirar a proporcionar una perspectiva equilibrada, realista e informada sobre los riesgos asociados con la meditación.
  • Remisión a atención especializada: Si alguien está experimentando daño por la meditación, necesita ser apoyado y dirigido a atención especializada, en lugar de ser alentado a continuar meditando a través de su angustia. Estas recomendaciones reflejan un «estándar clínico de atención» para la meditación, similar al que se aplica a otras intervenciones terapéuticas. Esto implica un cambio de un modelo de «industria del bienestar» en gran parte no regulado a uno que prioriza la seguridad del paciente y la práctica basada en la evidencia, reconociendo la meditación como una herramienta poderosa que requiere una aplicación cuidadosa.

6. Conclusión: hacia una perspectiva informada y equilibrada

La meditación, aunque ampliamente reconocida por sus beneficios en la reducción del estrés, la regulación emocional y el bienestar general, sostiene al mismo tiempo evidencia respecto a que no es universalmente benigna. Conlleva riesgos, a veces graves, para una parte de los practicantes, incluyendo la exacerbación de problemas de salud mental como la ansiedad, la depresión, la psicosis y la disociación, y –en algunos casos– un deterioro funcional duradero. Estos datos permiten redefinir la «práctica responsable» en la meditación. No se trata solo de enseñar técnicas o auto-práctica, sino de atender a un marco integral que incluya una evaluación previa, una monitorización activa y continua de los estados psicológicos y físicos, un consentimiento informado claro y transparente sobre los posibles eventos adversos, y sistemas de derivación si estos ocurren.

La aparición y la gravedad de los efectos adversos están influenciadas por una compleja interacción de factores, incluyendo la intensidad y duración de la práctica (con los retiros intensivos que presentan mayores riesgos), así como las predisposiciones individuales. Estos efectos pueden manifestarse incluso en individuos sin problemas de salud mental previos, lo que destaca que la vulnerabilidad no siempre es obvia o evidente. Esto subraya que la meditación no es una solución «talla única» y requiere un enfoque altamente personalizado.

El problema generalizado de la subnotificación de eventos adversos en la investigación, junto con la falta general de una monitorización rigurosa de los daños (en marcado contraste con otras intervenciones terapéuticas), contribuye a un perfil de seguridad positivo para la meditación. Esto podría sugerir la necesidad ética de que el campo de la meditación adopte estándares de atención clínica, incluyendo la detección proactiva, la monitorización activa y sistemática de los efectos adversos, y la comunicación transparente de los riesgos para garantizar datos precisos y un consentimiento informado.

Las personas que inician procesos de meditación pueden ser informados de manera completa y equilibrada sobre los posibles beneficios y riesgos de la meditación para tomar decisiones fundamentadas y reconocer las señales de advertencia tempranas de angustia. Al mismo tiempo, los instructores de meditación o profesionales que éticamente asignen tareas de meditación, deben estar capacitados para detectar riesgos, monitorizar los efectos adversos y proporcionar derivaciones apropiadas a apoyo especializado.

Reconocer los posibles efectos adversos de la meditación no implica desestimar sus profundos beneficios potenciales, sino más bien fomentar un enfoque responsable y basado en la evidencia para su práctica y promoción generalizada. Dada la alta prevalencia de efectos adversos (incluso si están subestimados), su potencial gravedad (incluyendo hospitalización y suicidio), su larga duración (meses a 1-3 años) y la dificultad documentada que enfrentan los individuos para encontrar ayuda adecuada de profesionales médicos convencionales, los MAEs representan un desafío de salud pública, aunque en gran medida no abordado. Si un medicamento o procedimiento médico ampliamente adoptado tuviera tasas similares de efectos adversos graves y duraderos y careciera de una monitorización robusta, probablemente se harían advertencias de salud pública además de un escrutinio regulatorio. Mayor supervisión en la implementación, detección activa de MAEs, y mayor investigación, podrían acercarnos a que las personas que buscan el bienestar mental puedan hacerlo de manera segura y efectiva, beneficiándose de la meditación cuando sea apropiado.

Referencias

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